Cuéntame tu historia
¿Qué finalidad tiene el programa cuéntame tu historia?
El Gobierno del Estado promoverá la organización de los adultos mayores en torno a talleres de narrativa y de investigación, a fin de que, con el apoyo de estudiantes del servicio social, activos participantes de las OSC, ciudadanos voluntarios, académicos y funcionarios, den cuenta de sus historias personales de vida, de la vida comunitaria y regional. Ello podrá derivar en otro tipo de acciones subsecuentes en el plano cultural, como pueden ser la organización de museos comunitarios, itinerantes o de sitio, donde la gente de una localidad, zona o región pueda mostrar, de manera ordenada y con apoyos específicos de organización museográfica, aquellos objetos o documentos que den fe de sus prácticas sociales, productivas y culturales de tiempo atrás.
Ganadores de testimonios
Miguel Bucio Canchola

85 años Tlalpujahuilla, municipio de Tlalpujahua
Estoy en esta foto cuando hice las farolas, esas que están por todo el centro de Morelia. Trabajábamos en esto de hacer las farolas como cuatro personas conmigo, pero desafortunadamente las otras tres personas ya murieron, sólo quedo yo.
Jugué 21 años al béisbol, jugué de pitcher. Empezamos con un equipo que se llamaba el Alerta, que era de la compañía. Su capitán se llamaba Pablo Hernández Nava. Éramos un equipo bueno, algunos de mis compañeros se fueron a jugar con los Tigres de México o los Diablos Rojos, uno o dos de ellos siguieron en el béisbol y ya nunca regresaron. Aquí el béisbol era fuerte, cada domingo se reunían las familias de los trabajadores, había juegos todo el día y la liga era amateur pero era importante. El béisbol lo metieron los franceses que tenían las Dos Estrellas y mucho se jugaba. En 1921 vinieron acá a jugar los Yankees de Nueva York; no era el equipo grande pero dicen que venían varios de los titulares.

Juan Medina Pacheco
Nueva Italia, municipio de Múgica
Mi nombre es Juan Medina Pacheco y nací en 1924, me parece que un día 15 de mayo, aquí en Nueva Italia, pero fui bautizado en Parácuaro.
Yo no fui a la escuela. En lugar de ir a la escuela, nos íbamos a un estanque donde bañaban los caballos, y allí nos estábamos. Dejamos de ir y mejor salíamos al campo. Y cuando mi padre nos daba unos 2 o 3 centavitos por el trabajo, le tomamos mucho amor al campo.Trabajé como ratero, o sea, para ganarme un peso, tenía que matar cien ratas. Yo era malo para matar las ratas, al día mataba unas 15, pero había muchachos que metían la mano a las cuevas y sacaban muchas. Esos animales dañaban mucho los arrozales por las noches.

Gildardo López Campos
Cherán, municipio de Paracho
Me dediqué al campo, había unos patrones que ocupaban gente para ir a sembrar maíz, cortar la avena, el trigo y así para ganarme algo de dinerito, mientras madure más. Fui a Estados Unidos a los 13años a “descardar” el mezquital que había.
Después nos incorporamos a la lucha, ya después de tanta vagancia fuimos encontrando unos amigos y nos invitaron a la lucha, nos decían que había que luchar por un cambio de gobierno y pues las autoridades no nos querían aquí, ni en ninguna parte y entonces ocultamente hacíamos mítines, en esos tiempos vino a visitarnos el compañero Lucio Cabañas, allá por el año 70. Viniendo él nos cuenta que mataron a Genaro Vázquez Rojas y que fuéramos a reclamarlo, ya tenemos gente y que nos dice -¡vamos! a protestar en Morelia- y allá hacíamos mítines, marchas y llevábamos velas, nos metíamos a Palacio de Gobierno con pancartas y reclamábamos la vida de Genaro Vázquez. Mucha gente se espantaba en Morelia, yo alcanzaba a oír a los comerciantes que decían “hijos de la chingada estos son guerrilleros, estos son de Lucio Cabañas. Nos escondíamos de la policía porque en ese tiempo estaba muy duro.
Hubo un policía que no nos dejaba iniciar una marcha allá por Villalongín, desde donde está el monumento del General Cárdenas y un policía maldito que no quería que hiciéramos la marcha no nos dejaba pasar, Con la patrulla nos tapaba el paso, pues entre todos le volteamos el carrito y se lo apachurramos, unos le decían ¡ándale cabrón, éntrale a los chingadazos, vente hijo de la chingada! Pues no le entró y más bien le dejaron bien apachurrado su carrito.

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