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Entrega del Premio Amalia Solórzano

Palacio de Mineria. Ciudad de México. 25 de octubre de 2011

Estimado amigo Luiz Inácio Lula da Silva, Amigas y Amigos:


Es motivo de gran satisfacción encontrarnos reunidos hoy en este Palacio de Mineria de la Universidad Nacional Autónoma de México ,para realizar la entrega del Premio Amalia Solórzano de Cárdenas 2011. Mucho nos honra nuestro querido y admirado amigo Luiz Inácio Lula da Silva con su presencia y por haber aceptado recibir este reconocimiento que por primera vez se entrega en este año en que se cumple el centenario del natalicio de Amalia Solórzano.

 Para darle forma al premio se invitó a personalidades de diversos países a formar un comité de selección que es además un cuerpo consultivo para el Centro Lázaro Cárdenas y Amalia Solórzano, que establecimos hace unos meses. En este comité nos honran con su presencia las siguientes personalidades:

 José Narro, rector de la UNAM, el centro de educación superior más importante del país; Yoloxóchitl Bustamante, directora del Instituto Politécnico Nacional, institución surgida en el gobierno de Lázaro Cárdenas para impulsar la ciencia y la técnica; Salvador Jara, rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, la más antigua institución de educación superior de nuestro

continente y que fue cuna de las ideas que nos dieron indepencencia y patria; la periodista mexicana Lydia Cacho, quien ha destacado por su valiente defensa de los derechos humanos; Marco Aurélio García, intelectual y luchador social brasileño quien ha sido asesor del expresidente Lula y ahora lo es de la presidenta Dilma Rousseff; la actriz Ofelia Medina, con una importante trayectoria en las artes dramáticas y militante siempre presente de las mejores causas; el periodista y político argentino Miguel Bonasso quien vivió exiliado en México y regresó a su país para continuar en las luchas por la democracia; Clara Jusidman, académica y activista mexicana con una larga trayectoria en el diseño de políticas públicas relativas al desarrollo social; el poeta argentino, radicado en México, Juan Gelman, una de las voces más hermosas de nuestra lengua; el artista plástico mexicano Gabriel Orozco, quien va por los museos y galerías del mundo regalándonos su genialidad; Adolfo Gilly, historiador mexicano nacido en Argentina, luchador y militante de toda la vida, siempre a favor de los pueblos; Harley Sheiken, académico estadounidense de la Universidad de Berkeley, estudioso de México y hombre comprometido en mejorar las relaciones entre nuestros países a través del conocimiento mutuo; Diego Luna, actor y director mexicano de importante trayectoria quien con su festival de cine, Ambulante, lleva la cultura cinematográfica a lugares remotos de México y Centroamérica; Leandro Guzmán, dirigente del Movimiento 14 de Junio quien al lado de Manuel Tavares y las hermanas Mirabal encabezó en la República Dominicana la lucha contra la tiranía de Trujillo; Tabaré Vázquez, importante dirigente del Frente Amplio y expresidente de Uruguay y el cantautor español Joan Manuel Serrat, hombre justo y bueno que ha sido la voz de muchos siempre que ha hecho falta.

Este premio surge, como casi todas las buenas ideas, en una plática de sobremesa en familia en la que buscábamos una manera de recordar la vida y obra de Amalia, al lado de Lázaro Cárdenas, con motivo de su centenario. Una forma de impulsar sus ideales y de llamar a seguir su ejemplo.

El premio surge entonces de una sentida necesidad de hacer realidad los ideales de justicia, igualdad, democracia, libertad, paz y solidaridad que aún tenemos pendientes y por los que Amalia Solórzano y Lázaro Cárdenas lucharon toda su vida.

 Recordar hoy a Amalia Solórzano y a Lázaro Cárdenas nos permite no solamente pensar en las obras y acciones, grandes y pequeñas, que llevaron a cabo a lo largo de sus vidas sino traer al presente el espíritu de solidaridad y respeto entre los pueblos que siempre impulsó su actuar. Desde el asilo a León Trotsky, rechazado en todo el mundo por pensar como pensaba o el recibimiento a los Niños de Morelia, con el que inició el caudal de republicanos españoles que vinieron a estas tierras a vivir en libertad, desde las siempre dignas posiciones sostenidas por el presidente Cárdenas condenando la invasión de Mussolini a Etiopía y las de Hitler a Austria y Checoslovaquia, pasando por la solidaridad con Guatemala, Dominicana y Cuba y el rechazo a las fuerzas totalitarias que a lo largo de América instauraron el terror como forma de gobierno, Amalia y Lázaro estuvieron siempre uno al lado del otro y cuando, como Amalia decía, "él faltó", ella decidió que había que seguir y así llevó su trabajo social a las comunidades de la mixteca oaxaqueña y su solidaridad al pueblo vietnamita, los exiliados chilenos, argentinos y uruguayos y la revolución nicaragüense. Se entregó decidida a la lucha por la democracia en México y quiso, desde el inicio del conflicto, formar parte activa en la consecución de una paz digna y duradera en Chiapas, siempre con Lázaro Cárdenas en el corazón.

 Por la casa pasaron varias generaciones de luchadores sociales que venían en busca de solidaridad, de consejo o de protección, en casa conocí a un sin fin de exiliados españoles de los que no puedo sino sentirme agradecido por enseñarme lo que es la dignidad; en casa expresó Lázaro Cárdenas su apoyo a la causa aún pendiente de la independencia de Puerto Rico cuando lo visitó el poeta y patriota Juan Antonio Corretjer; en casa recibió a Jânio Quadros a quien las fuerzas retardatarias llevaron a renunciar a la presidencia de Brasil; en casa habló en innumerables ocasiones con Rómulo Gallegos, a quien el tirano Pérez Jiménez derrocó de la presidencia de Venezuela; en casa pasó sus primeras navidades en el exilio doña Hortensia Bussi de Allende porque la preocupación de Amalia siempre pasó de lo político a lo humano y abriendo la casa era como ella pensaba que se podía sobrellevar con menos dolor la pena. A muchos protegió y a muchos hizo parte de la familia y a todos dio su cariño.

El Centro Lázaro Cárdenas y Amalia Solórzano se ha establecido para que esa casa siga abierta, para que Amalia y Lázaro sigan recibiendo a aquellos que requieran de su ayuda y su cariño.

 La relación directa de los Cárdenas con Brasil fue poca, sin embargo destaca un hecho que describe las preocupaciones que se vivían en casa cuando se cometía una injusticia y el tamaño del compromiso cuando se trataba de aliviar la pena. Escribío Pablo Neruda a propósito del líder revolucionario Luís Carlos Prestes:

 "Yo estaba en México cuando murió su madre, doña Leocádia Prestes. Ella había recorrido el mundo demandando la liberación de su hijo. El general Lázaro Cárdenas, ex presidente de la República Mexicana, telegrafió al dictador brasileño pidiendo para Prestes algunos días de libertad que le permitieran asistir al entierro de su madre. El presidente Cárdenas, en su mensaje, garantizaba con su persona (es decir, viajando a Brasil en una especie de canje) el regreso de Prestes a la cárcel. La respuesta de Getulio Vargas fue negativa."

 Aún cuando Lázaro Cárdenas nunca visitó Brasil, en más de una ocasión se refirió al gran potencial que éste tiene. El primero de abril de 1961 escribió en sus apuntes:

“Si Brasil llega a planear el desarrollo integral de una región de su vasto territorio, invitando a los sin trabajo de toda Latinoamérica, le haría un gran servicio a los pueblos y el gobierno y la patria brasileña se colocarían moral y económicamente muy alto.

 "Es necesario que los pueblos de Centroamérica veamos más hacia Sudamérica y no siempre hacia el norte.

 "Todos unidos estimularíamos el desarrollo y prosperidad de los países latinoamericanos."

 Creo no equivocarme si digo que Luiz Inácio Lula da Silva ha puesto ya a Brasil en el camino del desarrollo y hoy sirve de ejemplo para el mundo.


 Sé que Amalia murió con la pena de ver a México ultrajado, gobernado por la ineptitud y la falta de rumbo, pero también sé que en sus últimos años vivió con alegría las victorias democráticas de países que como Brasil, de la mano de Lula, han encontrado la forma de ponerse a la vanguardia en el camino hacia un mundo mejor.

 Antes de terminar les voy a hablar un poco del premio. Algunos de ustedes ya conocen este texto pues lo leí el 10 de julio pasado cuando se anunció quién recibiría esta distinción. El Premio Amalia Solórzano de Cárdenas consiste en una pieza de bronce realizada y generosamente donada por el reconocido artista Gabriel Orozco, quien se basó para su elaboración en una vaina de parota recogida en el rancho Galeana, que fuera de Lázaro Cárdenas y de Amalia Solórzano. La madera sobre la que se montó el bronce procede también de Galeana, de una parota partida por un rayo en un día de tormenta y de la cual hemos rescatado parte del tronco.

 La parota es un árbol de grandes dimensiones, originario de América, conocido con distintos nombres a lo largo del continente: guanacaste o conacaste en Centroamérica, algarrobo de oreja en Cuba, carocaro en Venezuela, guantarabake o jonaremen en Colombia, oreja de mono en Puerto Rico, timbó o pacará en Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay, pashaco en Perú, timbaúva o ximbó en Brasil y elephant ear, devil's ear o monkey soap en el Caribe de habla inglesa y ha sido introducido en Asia, África y Oceanía.

 Por la infinidad de nombres que recibe y la diversidad de lugares en los que se encuentra, hemos querido ver en la semilla de parota un símbolo que, más allá de lenguas y fronteras, nos recuerde que hay principios y valores universales por los que siempre vale la pena luchar.

 En Galeana, y seguramente bajo la sombra de estos árboles, Amalia y Lázaro compartieron sueños y alegrías. En esa región michoacana se incorporó Lázaro Cárdenas a la lucha revolucionaria en 1913, regresó en los años 20 para adquirir la hacienda de San Antonio y ceder la mayor parte a quienes habían sido sus subalternos en la lucha, para crear el ejido California, ampliar el de San Juan de los Plátanos, fundar la Colonia Cenobio Moreno y para dotar al hospital civil de Apatzingán de tierras y frutales que contribuyeran a su sostenimiento, conservando para sí la fracción que hoy es Galeana. En 1932, ya con Amalia, pasaron parte de su luna de miel en el rancho y desde entonces, en el transcurso de sus vidas, disfrutaron de largas temporadas ahí.

 Por el amor que tuvieron a esas tierras, por el respeto y cuidado que tuvieron por todos y cada uno de los árboles que ahí encontraron y plantaron, estamos seguros que Amalia se sentiría feliz de ser representada por una humilde pero hermosa semilla, pues si algo hizo Amalia en la vida fue sembrar, sembrar enseñanzas y principios, fraternidad y amor. Amalia es una semilla de paz y solidaridad entre los pueblos. Que florezca Amalia y su fruto sea un mundo libre, fraterno y justo.