| Michoacán: Muestrario de México 1 | | | | |
La Revolución y la posrevolución en Michoacán Pero los nuevos vientos que soplaron insistentemente a lo largo de la primera década del siglo XX, presagiaron un proceso revolucionario inédito que haría cimbrar al conjunto de la sociedad mexicana con nuevas ideas de inspiración social y de renovación de carácter político. Uno de los inspiradores del proyecto democrático fue Francisco I. Madero, y su obra La Sucesión Presidencial de 1910, impactó definitivamente entre los sectores de los grupos medios de la sociedad que habían sido obstruidos para acceder al poder en todos sus niveles. Porfirio Díaz hizo declaraciones a la prensa estadounidense, en 1908, en el sentido de que el pueblo mexicano ya estaba listo para ejercer el poder. Sin embargo, sus acciones políticas y su reelección en 1910, dieron al traste con sus propias declaraciones, y les confirmaron a los sectores descontentos que por la vía pacífica nunca obtendrían el poder.
La Revolución en Michoacán vino del norte. En realidad, los levantamientos maderistas no tuvieron el arrastre que posteriormente la Revolución Constitucionalista tendría. Sin embargo, ya desde 1911 y hasta 1920, el estado de Michoacán y sus habitantes sufrirían en carne propia la debacle revolucionaria. En 1913, los carabineros coahuilenses, afines a Venustiano Carranza, levantado en contra de Victoriano Huerta, el asesino de Madero, entraron a territorio michoacano por la región de Huetamo, en el sureste. Los sucesivos gobiernos militares constitucionalistas (Gertrudis Sánchez, 1914-1915; Alfredo Elizondo, 1915-1917, y José Rentería Luviano, febrero-junio 1917) afianzaron en Michoacán al proyecto carrancista triunfante. Sin embargo, la economía estaba destrozada, había hambre y desolación, las fuentes de empleo abatidas, y un clima de inseguridad social que provocó un aumento considerable del bandolerismo. El gobierno constitucional encabezado en Michoacán por Pascual Ortiz Rubio, dio inicio el 6 de agosto de 1917, heredando de la etapa constitucionalista una situación de graves contrastes sociales y una economía lacerada por los efectos de la Revolución. Durante su administración, y a semejanza del gobierno federal, que había promulgado la nueva Constitución de la República el 5 de febrero de 1917, el gobierno michoacano actualizó también su ley fundamental que databa del año de 1858. |  Pascual Ortiz Rubio |
El 5 de febrero de 1918, en sesión solemne, los diputados tomaron la protesta de ley al gobernador y demás autoridades estatales, y promulgaron la nueva Constitución del estado de Michoacán, al día de hoy todavía vigente.
Sin embargo, ello no significó que los grandes problemas de Michoacán tuviesen rápida solución. La cuestión agraria no sólo no se resolvió, siendo como era una de las grandes demandas de sectores amplios que habían enarbolado esas banderas revolucionarias; sino que se agudizó en la medida en que el programa de reparto y distribución de tierras continuó paralizado, de acuerdo con la política que en materia agraria había dispuesto el gobierno carrancista, limitando considerablemente los intentos de una amplia reforma agraria propugnada por los sectores radicales del constitucionalismo y los líderes agraristas de las comunidades.
El periodo más álgido de la Revolución en Michoacán se cerraría en 1920, cuando el presidente Carranza intentó imponer como candidato presidencial al ingeniero Ignacio Bonillas, sin tomar en cuenta las aspiraciones del grupo militar sonorense que había hecho la revolución con las armas en la mano, consiguiendo para Carranza el poder. El grupo sonorense se asumió por este hecho como el heredero legítimo para ejercer el control político, rebelándose al gobierno carrancista mediante el Plan de Agua Prieta, en abril de 1920.
En Michoacán, el gobernador Ortiz Rubio se desconoció a sí mismo y se proclamó obregonista, adhiriéndose al Plan de Agua Prieta. Más tarde, el 21 de mayo de ese año, fue asesinado en Puebla el presidente Carranza. El movimiento obregonista se expandió por todo el territorio nacional (10).
Una nueva era se abría para el país en general y en particular para Michoacán. Un largo periodo de ochenta años denominado posrevolucionario. Desde la perspectiva regional, la posrevolución en Michoacán abrió la posibilidad del arribo al poder de nuevos actores que representaron un cambio político en la entidad de notables consecuencias, porque bajo el impulso del nuevo aparato estatal accedieron a la maquinaria política sectores medios y bajos de la sociedad michoacana tanto del ámbito urbano como del rural.
 Gral. Lázaro Cardenas | El ejercicio del poder en Michoacán a lo largo de esos ochenta años, no sólo impuso un curso político a la entidad, y sobre todo a los actores sociales involucrados, sino que la ligó y la entretejió invariablemente con los importantes procesos políticos de indiscutible presencia y repercusión nacionales. La estabilidad del régimen político en Michoacán se conservó sin grandes grietas o rupturas, porque en el escenario regional hubo un consenso mayoritario para con el proyecto social y económico del Estado nacional, y porque hubo capacidad para concertar alianzas con distintas fuerzas locales y regionales. Sin embargo, hay que tener presente una particularidad específica que le dio significado al ejercicio del poder en Michoacán: un Lázaro Cárdenas gobernador, pero también hombre fuerte y caudillo regional. Lázaro Cárdenas estadista, en la cúpula del poder. Lázaro Cárdenas, ex presidente, con fuerte presencia en su estado natal, como Vocal Ejecutivo de la Comisión del Tepalcatepec y de la Comisión del Balsas.
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El cardenismo, como expresión social y regional de diversos grupos y tendencias, estuvo presente de manera constante en la historia del siglo XX michoacano.
Sin embargo, hay que tener presente una particularidad específica que le dio significado al ejercicio del poder en Michoacán: un Lázaro Cárdenas gobernador, pero también hombre fuerte y caudillo regional. Lázaro Cárdenas estadista, en la cúpula del poder. Lázaro Cárdenas, ex presidente, con fuerte presencia en su estado natal, como Vocal Ejecutivo de la Comisión del Tepalcatepec y de la Comisión del Balsas. El cardenismo, como expresión social y regional de diversos grupos y tendencias, estuvo presente de manera constante en la historia del siglo XX michoacano. El cardenismo social entabló una nueva relación entre pueblo y poder político, con una connotación ideológica y espiritual. Por su parte, el cardenismo político fue un factor regional que también tuvo amplias repercusiones políticas en el entramado de las redes de poder.
En el último tramo de este largo periodo, hacia los años ochenta y noventa, Michoacán enfrentó procesos políticos inéditos e inusitadas movilizaciones de la sociedad civil. Nuevos y viejos actores sociales (neocardenismo y neopanismo), y otros grupos organizados de la sociedad, hicieron presencia con renovadas estrategias políticas en el escenario michoacano, incidiendo en una nueva cultura democrática y en los esfuerzos por una educación cívica que insufle conciencia social a la población (11).
10 Verónica Oikión Solano, El Constitucionalismo en Michoacán. El periodo de los gobiernos militares, 1914-1917, México, CONACULTA, 1992; Verónica Oikión Solano, “El Constitucionalismo en Michoacán y la gubernatura constitucional de Pascual Ortiz Rubio”, en Historia general de Michoacán, t. IV, pp. 27-49, y Eduardo Nomelí Mijangos Díaz, La Revolución y el Poder Político en Michoacán, 1910-1920, Morelia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1997.. 11 Jorge Zepeda Patterson, Michoacán: sociedad, economía, política y cultura, México, UNAM, 1988, y Verónica Oikión Solano, Michoacán: los hombres del poder, 1924-1962, inédito. |
Verónica Oikión Solano Esteban Barragán López El Colegio de Michoacán |